Crisis educativa, pandemia y un Estado ausente. ¿En qué manos estamos?
- Gabo
- 4 jun 2020
- 3 Min. de lectura
#Columna | Tania Aruzamén Z.

"Este gobierno transitorio desconoce la realidad educativa, sus necesidades y características esenciales; desconocen un país diverso, plural y al mismo tiempo con distintos niveles de necesidad educativa."
Víctor Hugo Cárdenas, asumió el Ministerio de Educación en enero de este año, como parte del grupo de confianza del gobierno de transición de Jeanine Añez. Persona activa en la iglesia evangélica y con un pasado político que cuenta con más sombras que luces, Cárdenas asume este cargo después de pugnar por la presidencia, en octubre del año pasado, con resultados poco alentadores y siendo parte de una estructura ultra conservadora y religiosa parte del escenario político complejo que ha sumido a Bolivia en una de sus peores crisis políticas en los últimos años.
Junto a su posesión y la de sus viceministros, también iniciaron las nuevas medidas educativas y ante todo el inicio de un nuevo enfoque en una de las áreas más importantes en cualquier sociedad y por lo tanto de mayor cuidado en cualquier Estado, la educación. Revisiones a la ley educativa 070 “Avelino Siñani, Elizardo Perez”, suspensión del PROFOCOM y un quiebre de la política educativa comunitaria productiva que había dejado la anterior gestión estaban siendo penetradas y heridas de muerte.
Pero, ¿qué llegaba a sustituir una lógica educativa (en evidente conflicto) comunitaria y que reconocía la pluralidad boliviana? El completo desconocimiento de la pluralidad educativa y la censura de los currículos contextualizados, una lógica colonialista en la que prima el regir a establecimientos privados.
Este contexto ya nos daba pesar y, sin embargo, para colmo de males, la pandemia ha hecho evidente que el sistema educativo no solo es fundamental, sino que se encuentra en completo abandono en la crisis sanitaria y humanitaria que atraviesa nuestro país.
Con una declaración de crisis sanitaria y la activación de la cuarentena rígida hace más de setenta días, las miradas estaban puestas en el sistema de salud, pero ni las propias autoridades se pusieron a reflexionar sobre el devenir de la educación y de su continuidad durante esta crisis.
El confinamiento ha hecho repensar la educación y ha puesto a prueba a la tecnología, como salvadora y democratizadora de espacios educativos, que ahora no cuentan con lo que luego nos daríamos cuenta que es su esencia, la escuela. La tecnología entonces, fue la salida para continuar la formación en establecimientos privados, pues en su naturaleza bancaria, no podría perder un solo mes de actividades económicas, el sector educativo privado es eso, un negocio.
Pero, ¿Qué pasa en los establecimientos educativos públicos? ¿Qué hacen ahora los estudiantes que no cuentan con conectividad y peor aún, los maestros que no cuentan con una computadora, acceso a internet o la capacitación en tecnologías educativas? Si bien hemos sido testigos de la creatividad de maestros para dar continuidad a sus planes educativos, por medio de plataformas que no son educativas (whatsapp y facebook) estos son casos minoritarios, y estos deberían ser parte de una política de Estado para acompañar la crisis sanitaria. ¿Tan poco nos importa la educación boliviana?.
El ministro Cárdenas anunciaba hace más de un mes la puesta en marcha para un sistema de educación virtual, de este plan nacional no se sabe hasta la fecha; hace unos días, anunciaba también la compra de computadoras para garantizar la educación virtual en el país; ¿Es posible la implementación efectiva de un plan de emergencia educativa sin un censo previo? ¿Cuántos niños y adolescentes, estudiantes universitarios y personas adultas en el sistema de educación alternativa se encuentran en zonas rurales y no tienen acceso a servicios básicos, entre ellos electricidad y conexión a internet?.
Nos queda claro, la administración educativa de este gobierno transitorio desconoce la realidad educativa, sus necesidades y características esenciales; desconocen un país diverso, plural y al mismo tiempo con distintos niveles de necesidad educativa.
Mientras sigan gestionando planes (que no son ejecutados) que solo vean a la ciudad como “sujeto de derechos” y no al área rural o sectores vulnerables que no cuentan con las mínimas condiciones para asegurar su futuro educativo, la educación no será más que otro privilegio de clase, en tiempos donde hace más evidente la desigualdad y nuestra brecha educacional es cada vez más profunda y dolorosa.
Tania Aruzamén Z.
Lic. en Ciencias de la Educación
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