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¿Por qué se bloquea?

Foto del escritor: Mariana V.Mariana V.

“El MAS sólo piensa en las elecciones, por eso mandan a sus militantes a bloquear para presionar y que no se postergue la fecha. Hacer esto en tiempos de pandemia es lo más cruel. No piensan en la salud y bloquean los tanques de oxígeno y los insumos médicos”. Básicamente éste es el argumento que se está posicionando desde los medios de comunicación (no importa mencionar cuál, porque lo repiten prácticamente todos) y es lo que se reitera desde el grueso de actores políticos que se “rasgan las vestiduras” con “este tipo de actuaciones".

“Denunciar” el uso político de las movilizaciones sociales “por parte del MAS” debela dos cosas en los actores que lo hacen; 1) la ignorancia de la capacidad organizativa de la sociedad que, a criterio de los denunciantes, no serían capaces de organizarse de no ser por las instrucciones de Evo Morales o Luis Arce, lo cual -al mismo tiempo- expresa 2) una necesidad de endilgar toda la movilización en el MAS para una canalización electoral de votos que, de lograr su cometido, restarían apoyo electoral al partido que hoy encabeza las encuestas en Bolivia.



En el primer caso, líderes que se dicen “demócratas”, así como los medios de comunicación, colaboracionistas del régimen, se la han pasado refiriendo a las movilizaciones como espacios exclusivos del “masismo” que, a una sola orden “del jefazo”, podrían levantarlos. Carlos Mesa, en un mensaje -más de propaganda que de conocimiento de la realidad nacional- pide y “exige” a Evo Morales que levante los bloqueos porque además se estarían cometiendo; “crímenes inaceptables; como impedir el paso de ambulancias y, sobre todo, impedir el paso de oxígeno para salvar la vida de compatriotas que están peleando, literalmente, por poder respirar. Les exigimos –dice Mesa- que digan una palabra clara, que tengan la valentía… de llamar al levantamiento de bloqueos. Exigimos a Morales y Arce; levanten los bloqueos. Díganlo con claridad… sino levantan los bloqueos su responsabilidad será clara e inequívoca…”. Acá surgen preguntas básicas; ¿puede el MAS levantar los bloqueos?, es decir, ¿los bloqueos son del partido?

Para los opositores al MAS existe una necesidad de que los bloqueos sean del MAS, es decir, se trata de un deseo antes que de una constatación. Un deseo que sólo reproduce prejuicios y racismo en gente que no tiene idea de las características de la capacidad organizativa de la sociedad boliviana que ha sido, históricamente, invisibilizada y, en los hechos, despreciada. Es obvio que existen actores cercanos al MAS que pueden ser parte de la movilización, sin embargo, esa presencia está muy lejos de ser la hegemónica. Es posible afirmar que, aunque el MAS pretenda desmovilizar, no lo conseguiría, porque la movilización está mucho más allá del partido.


La exigencia de la renuncia de Añez, la aparición de liderazgos autónomos en las organizaciones sociales (COB, CSUTCB, etc.) van dando cuenta de una movilización en la que el MAS debe jugar un papel trascendente, pero donde no es el “dueño” de la movilización, entonces; ¿cuál es ese papel del partido?, el MAS es el llamado a coadyuvar a la salida del conflicto, es decir, es el convocado a escuchar a los actores movilizados, pero no es el autorizado –de manera directa- a convocar a la desmovilización. El MAS es el partido de las organizaciones sociales, es decir, es el que está más próximo a ellas. Este carácter debe permitirle ser el portavoz adecuado de las demandas que se están planteando. En este escenario, se necesita ir al diálogo de manera urgente y esta necesidad pasa por escuchar a los movilizados. Los actores en el diálogo deben ser las organizaciones sociales, pues ellos son los movilizados; ¿tiene sentido hacer mesas con la ADN o PAN-BOL? Las mesas de diálogo se las debe hacer con la COB, la CSUTCB, FEJUVE’s, los auto-convocados, etc. es decir, esos actores a los que se descalifica como “masistas”, esos actores a los que se pretende criminalizar e iniciar procesos.

Un error que se está cometiendo es tratar de deslindarse de la movilización, pues esto significa razonar en función de la lógica del grueso de actores políticos que descalifican las movilizaciones. Se intenta, por ejemplo, “demostrar” que Evo Morales está llamando al “desbloqueo” para mostrar al partido como más “democrático”. Eso no significa otra cosa que hacerle el juego a los –dizque- “opositores democráticos” del MAS. Eso no significa otra cosa que moverse en la cancha que le están rayando al partido desde el gobierno de facto. Dialogar no significa ordenar. De ahí que no se puede, a manera de consigna u orden, pedir el levantamiento de los bloqueos. El partido debe ser el actor central en la solución de las demandas, lo cual significa hacer que los actores involucrados se sientan auténticamente escuchados.

La consecuencia de no hacer esto puede significar un distanciamiento (a modo de quiebre), entre organizaciones y partido, muy bien aprovechado por el golpismo para justificar la salida por desastre, pues la radicalización de las movilizaciones es la consecuencia obvia de; 1) una actitud esquiva del MAS frente a ellas y 2) la criminalización sostenida de ellas por parte del gobierno de facto. Es decir, la radicalización es el resultado de la agresión (insultos, ninguneamiento, desprecio) del gobierno a las organizaciones sociales y la poca defensa de ellas por parte del MAS.

Vivimos el paso de la demanda por la fecha de elecciones a la exigencia de la renuncia de Añez, cosa que tiene perfecto sentido en un escenario de urgencia por recuperar la democracia y de reorientar la dirección de las políticas del Estado. Un deslinde de las organizaciones respecto del MAS puede también significar su re-organización para la re-apropiación del instrumento político. Las organizaciones sociales van comprendiendo a ésta como una oportunidad histórica de reconducción política del instrumento. Cosa que desde el partido debe también ser comprendido. De ahí que la relación partido y organizaciones sociales se hace una tarea urgente de deliberación al interior del MAS. La tarea es para el partido, aunque también para las organizaciones. El aletargamiento en el que se entró en los últimos años es del partido porque, en realidad, es también el aletargamiento de las organizaciones.

Hoy esta relación debe volver a construirse de manera urgente porque nos encontramos en un escenario en el cual, el golpismo se pretende sostener boicoteando la jornada electoral. Se pueden comprometer a no prorrogar las elecciones una vez más, sin embargo, eso no quiere decir que se comprometan a dejar el gobierno a quien gane las mismas. Dicho de otra manera, se pueden comprometer a no postergar las elecciones, sin embargo, no se comprometen a permitir que la jornada acontezca de manera regular, es decir, no se comprometen a que haya resultados claros que permitan una transición democrática. Puede ser que Añez no se quede más allá de octubre, eso no significa que quien lo suceda sea electo en elecciones. En realidad, esto es lo que las organizaciones sociales tienen en claro y esto es lo que no está siendo comprendido en el partido. Advertir que la jornada electoral no nos puede tener actuando de manera electoralista alude a un aprendizaje urgente que debe ser asumido para derrotar al golpismo que tiene en Añez a la pieza menos importante de ellos (ella es el fusible perfectamente prescindible).

Permitir que el discurso de descalificación de las movilizaciones permee también en el MAS (para que éste replique el tono usado en el resto de los frentes políticos) no sólo que extenderá el conflicto político en el país, sino que, al mismo tiempo, en el quiebre que se puede dar con ellas y, desde la extensión del golpismo, se terminaría legitimando la llegada “democrática” de la extrema derecha. Este es el resultado obvio de escenarios de convulsión social que terminan por asentar, en la sociedad, el discurso de la necesidad de la “mano dura”. El resultado de la oposición a Torres el 70 fue Banzer, el resultado de la oposición a la UDP fue el MNR del 21060. Este tipo de desenlaces hacen a los acontecimientos que se denominan como; derrota histórica. Esas son las derrotas de las que levantarse cuesta una generación, eso es veinte o treinta años de lucha y reorganización social.

 
 
 

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