Entre crisis sanitaria y crisis política
- Gabo
- 2 jun 2020
- 5 Min. de lectura
#Columna |
¿Qué se debe cuidar de la jornada electoral en Bolivia?

Se dice que la política refiere a una disputa similar a una partida de ajedrez, donde quien es capaz de leer la mayor cantidad de movidas del rival antes que las ejecute permite, a uno mismo, un margen de anticipación que orienta de mejor manera la acción. Esta es una afirmación clásica que –si bien se la repite bastante- no se reflexiona lo suficiente para aprender de ella. ¿Qué significa anticipar las movidas del rival? No se trata de futurología o ubicar capacidades especiales en algo o alguien para que nos diga qué es lo que va a suceder. De lo que se trata es de hacer –en primera instancia- el ejercicio de comprender (abrirse a conocer) qué es lo que es motiva, qué es lo que mueve el accionar del otro, eso significa leer qué da sentido a lo que el otro hace.
El contexto electoral boliviano se encuentra en medio de una crisis sanitaria que lo condiciona de una manera que no se puede hacer abstracción de ella. ¿Cómo llegar a una jornada electoral en la que ésta –la pandemia- no pueda ser utilizada para acusar a un frente (en este caso concreto al MAS) de extender y/o expandir la ola de contagios y muertos? Ésta es la cuestión. Obviamente que la jornada (independientemente de la fecha) estará marcada por medidas de seguridad que lo distinguirán de cualquier otra experiencia que hayamos tenido en el país, sin embargo, ese no es el punto porque la reflexión no es –en sí misma- sanitaria, sino del uso político que se hace de la crisis que tenemos.
Afirmaciones (a modo de globos de ensayo en redes sociales) como; “a mí no me interesan las elecciones porque primero está la salud de mi familia”, o, “nos quieren obligar a ir a votar…” etc. grafican una actitud de doble moral que ha ido produciendo -a manera de reacción- una tendencia en la que otros van respondiendo; “el virus no existe…”, o, “es un invento…”, etc. Contestación que tiene sentido en tanto respuesta a ese uso político de la crisis sanitaria que nos tiene, a las y los bolivianos, en medio de cifras manipuladas, olvido de otras enfermedades (por ejemplo la crisis por malaria…), corrupción, etc. Sin embargo, lo que debe quedar como primer aprendizaje es que moverse en estas posturas no coadyuva a enfrentar, con sentido, el escenario electoral, es decir, la consigna –ya compartida por más y más actores políticos, no necesariamente “masistas”- de ¡elecciones ya! no puede estar sostenida desde supuestos como; “no existe el virus…” porque esto significaría comenzar a jugar exactamente en el lugar en el cual esperan tener al MAS para provocar, por ejemplo, un boicot a la jornada electoral (primer acto de lo que puede ser la salida por el desastre).
¿Es posible que las elecciones puedan sufrir un boicot? Un boicot tiene margen de éxito si es que uno no sabe exactamente qué es lo que debe cuidar de ese posible boicot, es decir, la consulta puede ser replanteada de la siguiente manera; ¿qué de la exigencia de ¡elecciones ya! debe ser cuidado con el máximo celo? Eso significa comprender qué es lo que, en el fondo, interesa de las elecciones. Lo que de una jornada electoral se espera –antes que un resultado en sí- es siempre legitimidad, eso significa resultados claros que generen aceptación social de los mismos. En caso de no tener esto, lo que con certeza se puede esperar es la extensión de la conflictividad que, como resultado de elecciones fallidas, sólo terminaría agravando la crisis política al interior del país.
¿A quién le puede interesar agravar la crisis en Bolivia? Si hay un actor interesado en esto no es otro más que el gobierno auto-denominado como “transitorio”. Su expectativa electoral es nula, sin embargo, se debe tener en claro que el lugar que ocupan lo deben a una tarea concreta: sacar (definitivamente) a Evo Morales y al MAS del gobierno. Esta tarea refiere a su único encargo programático (no se trata de una tarea ocasional). Mostrarse como realmente ineficientes, corruptos… etc. no hace mella en un gobierno que, para ser comprendido, debe ser analizado desde lo que realmente le da sentido existencial. El auto-calificativo de “gobierno transitorio” clarifica esto pues, si es “transitorio”, eso quiere decir que la referencia real es a una transición, lo cual quiere decir que vamos -en un proceso- “de un gobierno del MAS a cualquier otro, pero no del MAS” . Que la única tarea del gobierno sea “llamar elecciones transparentes…” lo han desmentido ellos mismos en los hechos y la tarea real; evitar que el MAS retome el gobierno es lo único que se tiene como encargo real para este gobierno. Lo que debe ser tomado en serio es esta tarea encomendada al gobierno (sacar al MAS del gobierno) en relación con la jornada electoral en la que, todavía, el MAS es el favorito para ganarlas.
Cualquier opositor democrático al MAS (si es que los hay) debería entender esto; la crisis política en Bolivia será superada sólo con elecciones que generen legitimidad en un ganador a quien se debe aceptar. La referencia a un boicot alude a no sorprenderse con la validación –incluso gubernamental- de los discursos como “primero la vida…”, “primero mi familia…” que pueden ser un primer argumento (pretexto en realidad) para, por ejemplo, generar ausentismo en votantes o generar vacíos en jurados electorales. Una jornada sin la participación mayoritaria de todos los actores (los del MAS y los opositores) da margen a seguir teniendo un clima político álgido, el cual puede llevarnos a situaciones que validen una “salida por el desastre”. Situación que puede permitir, a nombre de “proteger” la democracia, atacarla justificando situaciones como las de un auto-golpe. Ahora bien, antes que tener un militar animado a tomar “las riendas del Estado” es obvio que se puede seguir apostando al fusible (Añez) extendiendo su “vida útil” (el modelo no necesariamente es la Bolivia del ochenta pues puede también serlo el Perú de 1992)
Es, en este contexto, que el rol del Órgano Electoral boliviano se hace por demás importante porque éste debe permitir lograr acuerdos políticos antes que administrativos. Cosa que, hasta el momento, ha ido marcando su tono de carácter tecnocrático que debe ser superado para asumir una tarea central en lo inmediato; cuidar las elecciones para que la crisis política sea superada antes que finalice el año. Toda acción que olvide esto terminará de argumento (pretexto) utilizado por el prorroguismo de facto que, desde el beneficio a un grupo de personas (arrimados y colaboracionistas), está hundiendo al país entero.
Destiempos publica la presente columna de opinión respetando que el autor no quiere hacer público su nombre por los momentos de persecución política y violación a los derechos humanos que se vive en Bolivia.
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